Cuando el sistema abandona: De víctimas a victimarios

Abuelita Chalco

“Abuelita vengadora”, “abuelita asesina” o “abuelita de Chalco” fueron términos que se viralizaron en X por el caso de doña Carlota, una mujer de la tercera edad quien junto a otros dos sujetos, participó en la muerte de dos hombres y las lesiones causadas a un tercero, por accionar un arma de fuego y posteriormente darse a la fuga, en Chalco, Estado de México. En esta red social se han visto mayormente opiniones apoyando a Carlota y su accionar, justificando la violencia, pero ¿Qué fue lo que tuvo que pasar ella para que pasara de víctima a victimaria?

Carlota, actualmente detenida e investigada por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), enfrenta cargos por su presunta participación en el crimen ya mencionado. Según su declaración y la de su familia, las personas habían invadido su propiedad. Ella ya había ido anteriormente a avisarles a estos sujetos para el desalojo de su vivienda sin respuesta alguna, y días antes del incidente, la hija de la señora acudió a la Fiscalía para intentar levantar una denuncia, pero como el pan de cada día, su queja no fue atendida ni procedió por supuesta falta de documentación.

El hecho ocurrió apenas dos semanas después de iniciada la primavera, en un contexto nacional cada vez más marcado por la violencia, las desapariciones, los asesinatos y, sobre todo, la impunidad de las autoridades. En medio de esta crisis, se oculta un problema que se ha ido escuchando de boca en boca en cada colonia, los llamados paracaidistas, personas que invaden terrenos y propiedades sin consecuencias reales. 

La ley mexicana tiene varios artículos que supuestamente protege a los ciudadanos mexicanos de algún allanamiento de morada, como el artículo 16 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos que dice proteger el derecho a la inviolabilidad del domicilio, mencionando que supuestamente cuida la libertad personal, la privacidad y establece las reglas para las detenciones, o también, el artículo 285 del Código Penal Federal que menciona “Se impondrán de un mes a dos años de prisión y multa de diez a cien pesos, al que, sin motivo justificado, sin orden de autoridad competente y fuera de los casos en que la ley lo permita, se introduzca, furtivamente o con engaño o violencia, o sin permiso de la persona autorizada para darlo, a un departamento, vivienda, aposento o dependencias de una casa habitada.” Sin embargo, al parecer estos artículos ya están hasta empolvados por nunca hacerse cumplir.

En contexto legal, junto a la situación de doña Carlota y su actuar, ¿Qué puede esperarse de alguien que fue víctima de abandono estructural toda su vida? La falta de acción por parte del gobierno no solo permite que estos actos ocurran, sino que también envía un mensaje claro: en México la ley solo se aplica selectivamente. El pueblo mexicano ya comienza a cansarse de esta normalización del caos, de vivir bajo un sistema donde la ilegalidad parece tener más garantías que la ciudadanía honesta.

Cuando una persona crece rodeada de violencia, carencias y abandono institucional, su percepción de la realidad y de lo que es “normal” se distorsiona. La violencia se alimenta de contextos donde la inseguridad, la injusticia y la impunidad son parte del día a día. Para muchos, la violencia no es una elección, sino una herencia. Desde la infancia se aprenden dinámicas de defensa, desconfianza y supervivencia que, con el tiempo se convierten en formas de vida. Aunque el uso de la violencia nunca debe ser idealizado, lo que para algunos es un delito, para otros es la única forma conocida de protegerse, de resistir o de hacerse escuchar. En casos como el de doña Carlota, no se puede ignorar que sus actos están profundamente marcados por un entorno que nunca le ofreció protección, alternativas ni justicia.

Desgraciadamente el estado suele aparecer demasiado tarde: cuando la víctima ya ha sido convertida en victimario. Cuántas veces no hemos visto casos donde personas después de vivir años de violencia y abandono, recaen en medidas desesperadas solo para luego ser castigadas por un sistema que nunca estuvo para protegerlas. Las instituciones que se supone que son las encargadas de impartir justicia, al parecer lo hacen ciegamente y solo cuando amanecen con ganas, ya que nunca actúan cuando una persona decide ir a denunciar una injusticia.

Es preocupante, que detrás de las pantallas por medio del internet, la sociedad como consumidores del contexto actual en el país, lleguen a romantizar las narrativas heroicas de gente que hace justicia con mano propia, como lo es el caso de Carlota que con términos como “la abuelita justiciera” minimizaron y ridiculizaron la situación, mientras que por otra parte guiados por la rabia, impotencia, indignación, morbo o venganza, se llegue al extremo de deshumanizar a las personas como los criminales, mientras que pocas veces el verdadero problema se analiza y critica: las fallas estructurales que llevaron a la persona a ese punto. 

La gente ha aplaudido hechos como estos, y lo seguirá haciendo hasta que no se detengan a preguntarse ¿realmente es algo digno de festejar? Según la psicología, el término de desensibilización mediática ante la exposición frecuente de la crueldad descontrolada presentada por parte de los medios, televisión o redes es un tema muy delicado para tener en cuenta en estos días, ya que afecta la respuesta emocional ante hechos de violencia y crueldad, teniendo como consecuencia para el consumidor la generación de morbo y deshumanización hacia la vida humana.

Lo último que se necesita es justificar el delito con un mensaje tan vacío como el de las redes sociales, más bien se tiene que preguntar colectivamente si realmente se está haciendo lo correcto al ser tan indiferente ante lo que ocurre, pero como bien dice una canción que llama y despierta a la conciencia, hecha por un rapero venezolano en el aquel lejano 2007:

“Esto no es polémica, esto es un llamado

De parte de los silenciados a los del estado

A pasar un día con los encerrados

Con esos que han ignorado y les han robado

Voz y voto, vida, sueños, esperanzas

Menos oportunidad de cambio sincero, seguridad

Entre rejas, balas, odio, muerte

A menos que el dinero en vez

De la justicia les dé libertad” 

Canserbero. (2007). Canción de la Prisión [Guía para la Acción]. VinilH Records.

Es comprensible que estos temas enojen, agobien, cansen o generen temor, pues se han arrastrado casos históricamente crueles que acaban sin resolverse, y a consecuencia de esto se viva pensando en “¿cuántos ranchos izaguirres habrá sin descubrir y que nunca saldrán a la luz?”, “mañana o pasado, ¿quién será el siguiente en sumarse a la lista de los 26 desaparecidos diarios de este país?”, o “¿cuánta gente cegada por la desesperación ante un sistema insolente hará justicia por mano propia?” Es necesario y urgente cuestionar el comportamiento de cada individuo dentro de la sociedad, así como cuidar la salud mental frente a los hechos violentos y crueles que se repiten a diario en México. Además, debemos hacer presión a las autoridades para que escuchen nuestras preocupaciones, y aunque a veces parezca que estamos hablando a la pared, si nuestras voces les incomodan o les generan disgusto, es señal de que estamos haciendo algo bien.

Pero ante todo, la resistencia frente a un sistema que deja en el olvido a las víctimas es una lucha diaria para aquellos que, agotados por años de impunidad y desinterés institucional, han sido empujados a tomar decisiones extremas.

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