La memoria resiste al terror

Hoy la memoria nos llama a detenernos por un momento, a hacer a un lado noticias, titulares y debates, que el internet nos satura, hoy miramos crudamente una herida que nos duele en silencio o que a veces la ignoramos: las víctimas del terrorismo. 

Cada 21 de agosto es el Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo, nos recuerda que no solo son cifras y estadísticas subidas en una base de datos: son nombres y apellidos que arrastran generaciones, son sentimientos que amaron y fueron amados, son alegrías que hicieron reir y tristezas que buscaron consuelo, son voces que tenían algo qué decir, son vidas con pasados, presentes y futuros que han sido apagados.

Esta fecha fue establecida desde el 2017 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para honrar, recordar y apoyar a quienes han sufrido las consecuencias directas e indirectas de actos terroristas, sin importar dónde ocurran.

Y no porque un conflicto pase al otro lado del mundo debe parecernos lejano, se trata de personas como tú y como yo, con familias que aman, con amistades que extrañan y con sueños que merecían cumplir. 

Actualmente, el genocidio en Gaza nos lo recuerda de forma brutal y cruda. Somos espectadores de cómo la violencia afecta a miles de personas, de cómo las vidas de inocentes son arrebatadas y cómo el miedo se apodera de lo cotidiano. 

Honrar a las víctimas del terrorismo es la muestra de que a pesar de la violencia, la memoria de ellas y ellos no será borrada. Es la resiliencia de un pueblo que se niega a ser definido por el terror. Es levantar la voz cuando nos quieren silenciar, es exigir justicia cuando quieren imponernos la indiferencia, es elegir la memoria ante el olvido.

Porque mientras nos duela, seguiremos siendo humanos. Y porque mientras resistamos, ningún terror, venga de donde venga y de quien sea, logrará robarnos la dignidad que nos pertenece como humanidad.

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