Sobre los hallazgos del Rancho Izaguirre 

El pasado 5 de marzo mediante un “en vivo” pudimos ver cómo el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco descubrió un campo de adiestramiento perteneciente al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el municipio de Teuchitlán, Jalisco. 

Esto ha provocado una profunda y bien merecida indignación por parte de la sociedad mexicana, aparte de dejar en claro una vez más que el estado abandona a las víctimas que él mismo provoca. 

La complicidad de los tres niveles de gobierno, así como de aquellos organismos que se supone están hechos para protegernos, ha sido la principal responsable del reinado que el crimen organizado ha construido durante décadas en México. El narcotráfico ha pasado a ser solo una pequeña parte de todo lo que la delincuencia organizada controla en el país, y en Jalisco somos un claro ejemplo de ello.

El equipo de PeriodiSur se solidariza con las familias de las víctimas de desaparición forzada, y exige al gobierno de Jalisco, incluyendo al ex gobernador Enrique Alfaro Ramírez, pronta respuesta a los hallazgos de la pasada semana. De igual manera invitamos a la población a dejar de tratar este caso como una cuestión de partidos políticos y evitar hacer comparaciones ignorantes como llamar a Teuchitlán “el Auschwitz mexicano”. Lo que se está viviendo ahora en México no es un genocidio, es la consecuencia de la corrupción y el compadrazgo entre los altos mandos y los grupos delictivos. El crimen organizado genera miles de millones de dólares anuales que acaban no sólo en los bolsillos de los grandes capos.

Hoy más que nunca es necesario que se atienda la crisis de desapariciones en México. No es posible que habiendo un órgano que se dedique específicamente a buscar a personas desaparecidas, sean las madres, padres y familiares los que, arriesgando su vida diariamente, salgan a hacer el trabajo que corresponde al estado. 

Es deleznable que lo único que quede como evidencia de tu ser querido sea una mochila o un par de zapatos, los cuales nunca hubieran salido a la luz si no fuera por personas que no se quedan de brazos cruzados ante la incompetencia de las autoridades. 

Las atrocidades que vivieron cientos de personas en el Rancho Izaguirre no deben de pasar desapercibidas. Lo mínimo que merecen las víctimas del crimen organizado es que nunca las olvidemos y que alcemos la voz por ellas. No hay que perder la capacidad de asombro, no hay que normalizar atrocidades como estas, y dejemos de lado la narrativa de que las personas desaparecidas “se lo buscaron”. Que nos duela cada unx de lxs miles de desaparecidxs. Que nos duela así como le duele a sus madres, padres y hermanxs, porque nunca sabemos quién puede ser la siguiente víctima de este país que poco a poco se hunde en su propia miseria.

#TeuchitlánNuncaMás

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