El pasado 10 de septiembre de 2025, ocurrió una explosión derivada de la volcadura y fuga de una pipa que contenía gas LP, en el Puente de la Concordia, Iztapalapa. En redes sociales se habla de una “tragedia contemporánea” agregada a la lista, pues la comparan con tragedias como la caída de la Línea 12 del metro en Ciudad de México o el terremoto del 19 de septiembre, de lo trágicas que son. Marcan un antes y un después en todo el país.
De acuerdo con información de la Secretaría de Salud, la explosión de la pipa ha sumado 13 personas fallecidas, 40 siguen hospitalizadas y 30 han sido dadas de alta.
Lo que se ha dado a conocer por las autoridades, y de lo que se pudo apreciar en videos que captaron el momento en que sucedió todo; un semirremolque que transportaba una pipa de 49,500 litros de gas LP de la empresa Silza que forma parte de Grupo Tomza se volcó, explotó y ocasionó una onda expansiva que afectó varios vehículos y dejó decenas de lesionados.
Más allá de ver videos de las personas heridas, que solo generan morbo, hay que pensar ¿cómo es posible que una tragedia de esta magnitud sucedió en las periferias? En los lugares donde no viven los dueños de la empresa Silza, en donde no había preparación para dicho suceso.
“No hay preparación porque nunca había pasado”. Esa podría ser una respuesta válida, pero se equivocan, sí, ya han pasado explosiones de la misma forma, solo que sin estar tan cerca de áreas urbanas densamente pobladas.
Hasta hoy, no hay ninguna declaración por alguna institución de gobierno que afirme que se contaba con la seguridad y verificación para transportar dicho material peligroso. A esto, sumemosle que nadie estaba preparado. Nos encontramos con hospitales del IMSS en estado de emergencia y shock por no saber cómo reaccionar, civiles brindando apoyo de cualquier forma, una abuela dando su cuerpo y amor para salvar a su familia y policías con un lenguaje no tan apropiado tratando de salvar la vida de otro ser humano transportándolo en la moto de un desconocido.
A pesar de la solidaridad de los mexicanos, se necesita más que eso, se necesitan a quienes tienen más poder, a quienes se hacen cargo de las empresas y de las instituciones que evalúen la seguridad tanto del transporte, como del chofer, como de quienes lo rodean en el trayecto.
La empresa Silza comunicó que se haría cargo de los daños causados por el accidente y aclaró, ante la información sobre que no contaba con una póliza de seguro, que cuenta con tres seguros para cubrir los daños materiales, las lesiones del chofer y los daños a las víctimas.
A pesar de esto, regresamos a la mismas incógnitas: Y si nunca hubiera pasado, ¿seguiríamos sin saber qué hacer? Los videos, las imágenes tan impactantes que fluyen como agua en redes sociales muestran la gravedad de lo sucedido, sin embargo, ¿de quién fue la culpa?, ¿por qué sucedió?, ¿se pudo haber prevenido? ¿Dónde están los organismos encargados de evaluar la seguridad de estas unidades que transportan material peligroso?
Sin duda, esta tragedia es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando no se tienen medidas adecuadas para el transporte de este tipo de sustancias, cuando no se piensa en las periferias, cuando no hay servicios adecuados en los IMSS. Por ahora, sin saber qué pasó, con el número de fallecidos aumentando, heridos de gravedad en un 50 o 70% de su cuerpo que siguen en hospitales tratando de sobrevivir, se espera el compromiso de que la empresa cumplirá su palabra y la esperanza se acumula al pensar que esa explosión no pase de nuevo en alguna otra parte del país.
Una explosión que no se volverá a repetir ¿o sí?
